14 junio 2007

Miércoles tailandés

Ayer no fui a trabajar. Había olvidado el placer que proporciona un día libre a golpe de miércoles si decides hacer cosas que normalmente no puedes hacer.
Entre otras “celebraciones de miércoles” (la primera fue hacer el vago en la cama) estuve comiendo en un restaurante tailandés, restaurante que conoce todo Madrid pero en el que por unas cosas u otras yo aún no había comido.
Sinceramente, me parece muy, muy recomendable y eso hago: Os lo recomiendo a los de Madrid que no habéis estado y a los de fuera que tampoco.
Sí, el marco es “incomparable” (me encanta la expresión “marco incomparable”, suele hacerme pensar en un cuadro gigante con un marco dorado de dos palmos de ancho), pues eso, la decoración es fantástica con profusión de plantas y madera, el servicio de servir original y bonito, los camareros/as impecables y encantadores y sobre todo ¡la comida buenísima!, con sabores originales, dulces, picantes, raros… pero siempre en su justa medida. Deliciosa.
Si queréis daros un homenaje o quedar como reyes con alguien interesante, Thaï Gardens es vuestro sitio.
www.thaigardensgroup.com

05 junio 2007

Un flechazo

Flechazo

1. m. Acción de disparar la flecha.
2. m. Daño o herida que esta causa.
3. m. coloq. Amor que repentinamente se siente o se inspira.




Pues eso.

04 junio 2007

El éxito se mide en vallas

Lo he descubierto en la Feria del Libro: La diferencia entre ser un escritor o un escritorcillo no se mide en la calidad de la obra, los años publicando, la trayectoria… se mide simplemente en el número de ejemplares vendidos (esto lo presupongo) y en que tengas valla del Ayuntamiento (esto lo he constatado en vivo).
Por si alguien no lo sabe en la Feria durante los fines de semana hay numerosos escritores, escritorcillos y famoseo variado, que ha escrito (o le han escrito) algo. En la caseta dónde está el autor que te interesa tú compras su libro y él te lo firma/dedica religiosamente. Algunos simplemente firman y otros incluso “te escriben” una dedicatoria, además es el momento para si no hay mucho lío, ponerte de palique con el autor y si lo hay sólo decirle cuanto lo admiras (menos mi amiga Belén que entra en estado de shock con Antonio Gala y casi balbucea mientras enrojece como un Gusiluz).
Resulta chocante que, autores reconocidos/buenos/interesantes, tengan su filita de lectores esperando o simplemente estén de charla con el dependiente de la caseta, mientras que otros ¿escritores? tengan montada la mundial, con una fila que se enrosca por la caseta, sale al paseo de la parte posterior y continúa entre los árboles. Estos autores tienen vallas del Ayuntamiento, vallas azules que crean un pasillito hasta el escritor con agujetas en la mano, vallas que hacen que los lectores parezcan ovejitas que van al esquileo, o borregos.
No se, a mi me sigue chocando que Iker Jiménez tenga sus vallas y una enorme fila o que haya una cola bestial (con vallas, of course) para ¿Lobato, Sabat y Venus? (¿¿??, ¿Quiénes?) mientras Álvaro Pombo o Millás firman sin agobios ni prisa.
Sólo me reconcilia con el mundo que también tuvieran sus vallas Rivas o Gala.

Un día redondo

Hay días maravillosos por lo inesperado, días para los que no planeas nada del otro jueves pero salen redondos. Gracias a Dios por esos días y porque ayer mismo fuera uno de ellos.
Quedé para un aperitivo tardío en La Latina (no aborígenes de Madrid: cerca del Rastro, una zona estupenda de tapeo y para vivir si me llegara el sueldo o compartiera piso) al que se presentaron unos amigos-de-amigos simpáticos, conversadores y divertidos.
Vermut aquí (reivindico: ¡¡tiene que ser con seltz, no con Casera!!, ¡puagh!), cañita allá, un poco de queso, ese revuelto, los pinchos del vasco que me encantan… y de remate el postre en La Mallorquina ¡mi tira de manzana favorita!. Por cierto, un “llamado” a los propietarios: hagan el favor de NO reformarla, déjenla así de antigua y pasada de moda, con esos camareros de toda la vida que saben lo que tienen que hacer y sus expositores llenos de trozos de tarta y napolitanas.
Y luego, redondos como barriles, paseo hasta La Feria del Libro, descanso en la hierba…
Un día estupendo.
Además se cumplió la tradición de mis últimos años de Feria tras volver a Madrid: ahí estaba Gala, impecable, moreno y pulcro. La Feria sin Gala sería menos Feria.